Fuego

Arte de Jorge González
¡Bienvenidos al Laboratorio de Mundos basado en el Fuego!


Mundo I
por Morrigang

Se acercó al agua a buscar conchas. El agua de mar le lamía los pies con su vaivén rítmico y cadencioso de marea baja. Si la manada no estuviera ocupada en sobrevivir, ¿hubiesen admirado el espectáculo que era el océano? Pero el hambre apretaba y todo cuanto ocupaba sus mentes era comer, nada más que comer. Ni tan siquiera las acometidas sexuales de los machos a la hembras tenían cabida en su actual oscuro horizonte vital. Puede que tuvieran que comerse alguno de los niños más pequeños…, igualmente morirían de seguir aquella horrible falta de agua de lluvia y comida. La recolecta de bivalvos acabó por esa mañana. Si sobrevivían a otra noche de frío, era posible que la playa les regalase otra ración de almejas y mejillones al día siguiente.

Los más jóvenes y fuertes quizá consiguieran ver otro día.

Muchas lunas antes, la manada tuvo que irse de su hogar. El volcán despertó y sus gritos de lava y fuego les habían empujado hacia la costa. Allí eran extraños. El paraje estaba desolado a sus ojos acostumbrados a la masa forestal. El lugar al que llegaron no disponía de ningún refugio y el agua del mar constituía una frontera insuperable. Tuvieron que adaptarse. Lo primero que buscaron fue un refugio donde acomodarse y descansar, pero la playa poco les ofrecía, acostumbrados como estaban a trepar a los árboles de la sabana. No habían adquirido la habilidad de subir a los troncos lisos de las palmeras tan extraños que no ofrecían ramas al alcance en las que reposar y sentirse a salvo por las noches. Se acurrucaron en las dunas y allí, anidados todos juntos, conservaban el calor corporal lo mejor que podían.

Ella despertó la primera. Las necesidades fisiológicas no la habían impelido como era la costumbre, era otra cosa; se sentía extraña. ¿De qué se trataba aquello? Unos ojos dentro de su cabeza la obligaron a recordar…, ¿recordar?, sí, era eso, un recuerdo de la experiencia pasada que había traumatizado a toda la manada. Recordó el fuerte ruido, la vibración del suelo, el escándalo de los animales de la selva huyendo, pasando delante de ellos sin ninguna prevención. Las miradas de los suyos, las expresiones de asombro en sus caras y el olor de la adrenalina, que les impelía a la lucha o a la huida. Era su recuerdo más vívido. Con todo, no podría decirse que fuese miedo lo que sentían, pues no tenían ninguna experiencia previa con una erupción volcánica.

En el momento presente el sol trataba de imponerse, pero las cenizas residuales lo ocultaban, y tenía frío. Decidió que iría hacia la tierra en vez de hacia el agua. Pensó que, si no había conchas para todos, como era lo común últimamente, ir en otra dirección quizá le proporcionase un bocado: algún insecto, puede que un gusano gordo o algún pájaro aturdido. Caminó un buen trecho hundiendo sus pies en la arena. Le disgustaba la sensación, era un suelo poco firme y ni las piernas más fuertes podrían arrancar al sprint en caso de necesitarlo. ¿Sprint? ¿Por qué había pensado aquella palabra? ¿Qué era una palabra?

El paisaje cambió bruscamente. No sabía si podría volver con los suyos, aun así, el panorama era esperanzador: esperanzador, otra palabra… Ella nunca había pensado en palabras, eran las sensaciones las que mandaban. La comunicación con los suyos era parca y elemental.

¿Sería cosa de la alimentación marina? No, no se construyen sinapsis neuronales ni se crean circunvoluciones en la corteza cerebral en unos pocos meses de comer mejillones y algas.

El sol estaba en lo más alto, calentaba con toda su furia, pero a ella no le llegaba más que una penosa tibieza a la espalda. Caminaba encogida. Necesitaba fuego. El suelo volvía a ser duro y no se había dado cuenta. Encontró unas pozas. Unos cuencos naturales y algunas chimeneas que se formaron por la erosión del mar y por capas superpuestas de antiguos ríos de lava. Se tiró al suelo a probar el agua y la escupió en el acto: era salada. Tampoco esta vez tuvo suerte…, ¿suerte? ¿Por qué se sentía tan despierta? Tenía hambre y frío.

Observó cuidadosamente el fondo del  agua ¿habría conchas allí? No. En vez de conchas encontró un ser extraño que se parecía a los otros de la manada. Tenía el arco superciliar pronunciado, un leve retrognatismo, dientes yuxtapuestos sin diastemas, vello corporal abundante, ojos redondos y castaños, pabellones auriculares pegados al cráneo, fosas nasales anchas. “¿Eres una ergaster, cariño?”, pensó mirando el reflejo del agua. “¿Eres tú quién piensa?”, se dijo a sí misma…

Se levantó y caminó de vuelta. Llegó sin problemas a la playa. Los miembros de su manada seguían rastreando la orilla. Se acercó a la líder y le hizo saber mediante gruñidos y gestos que debían volver a su casa, que ya no había peligro. Que el monstruo rugiente había muerto, que se lo había dicho la persona del agua. Le dijo también que debían dominar el fuego, aquel espíritu ardiente que salió por la boca del monstruo que rugía. Que el fuego les salvaría la vida, les daría calor y ahuyentaría a las fieras, tal y como pudieron ver el día de su recuerdo. Aprenderían a hacer fuego. Nadie podría matar aquella idea.

***

Salió del tanque de realidad suspendida. Comprobó el tiempo de estancia en la playa del este de Tanzania en la cronología: cinco horas y trece minutos en el Pleistoceno medio. Un millón y medio de años atrás en el tiempo. Otra dura jornada de trabajo cumplida. Se dio una ducha, se puso su vestido más cómodo y fresco de lyocell y fue al despacho a repasar la filmación cuántica. No olvidó encender la unidad de aire acondicionado; cada vez que miraba aquel silencioso aparato se acordaba de los negacionistas del cambio climático.


Mundo II
por Iconikah

«La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad y ciencia. Aquel para quien esa emoción es ajena, aquel que ya no puede maravillarse y extasiarse ante el miedo, vale tanto como un muerto: sus ojos están cerrados…» Albert Einstein

La muerte de Madre me insufló vida.

Recuerdo la sensación de velocidad e ingravidez, la atracción hacia lo que intuía eran otras masas. La mole que soy, cruzando el espacio tiempo durante eones y en la más absoluta oscuridad, esculpido por lo que me rodeaba, por todo aquello que e estrellaba contra mí. Reflexioné sobre mi procedencia pero al no poseer visión, todo eran elucubraciones basadas en mis sensaciones más primarias: ¿recuerdas haberte desprendido de Madre? ¿Te lanzaron al infinito o das vueltas alrededor de algo mayor?

Aprendí lo que era el tiempo por los golpes que recibía y que desprendían parte de mi ser, sintiéndome más ligero cada vez; entendí que «antes» era más pesado que «ahora». Ese tiempo que intuía hacía que me sintiera menos solo, acompañándome en ese vagar sin rumbo, hasta que un día un tremendo choque me abrió la cabeza y el fulgor de Madre se escapó de mi interior, brotando en mi frente y otorgándome visión por fin. Mi ojo de fuego podía contemplar ahora la maravilla que me rodeaba: los extensos páramos de oscuridad salpicada por estrellas lejanas, ríos que movían masas tan grandes como yo, una eternidad de colores y fuerzas contra las que no podía luchar. El tiempo se perfiló en espacio gracias a la vista pues pude ser consciente de la distancia en dejar todos aquellos paisajes cósmicos atrás. Y al igual que inventé «antes» y «ahora», me inventé: arriba, abajo, cerca y lejos.

No existe medida para saber cuánto pasó hasta que me encontré con Padre. Mi ojo siempre abierto, visualizó una masa que crecía cada vez más, mientras me seguían esculpiendo las rocas que chocaban contra mí. Llegó un momento en el que sólo pude ver a Padre, había crecido tanto que ya no podía ver las estrellas ni tampoco el «Lejos». Mi velocidad aumentó considerablemente, Padre quería abrazarme. Me abrasé al chocar contra él y después de millones de años de polvo en suspensión pude contemplar su cuerpo: su superficie estaba igual de arañada y agujereada que la mía, pero era inmensamente más gigante. Apenas podía ver el final de Padre, me preguntaba si sería consciente de mi llegada. Si hubiera podido hablar con él, lo hubiera hecho.

Mi torso estaba medio enterrado en la superficie de su pecho, que fue cambiando de color cubriéndose de una materia orgánica que puede que yo mismo trajera sin ser consciente. Mientras Padre mutaba en vergel, yo me inclinaba hacia mis piernas, rotas por el impacto, lamentando no poder estrenarlas jamás. Pero no me desanimé, si yo no podía caminar y contemplar el mundo que se me había regalado, otros lo harían: con los trozos que habían quedado esculpí pequeñas versiones de mí, con el aspecto que supuse que tendría y golpee sus frentes contra a mía, uno a uno, insuflándoles la vida que me había dado Madre.

Se extendieron por todo el territorio como antorchas en el horizonte. Observaba cómo se alejaban de mí y a la vez podía ver todas las maravillas que ellos veían a través de los años, porque su fuego era el mío. Visualicé superficies cristalinas que parecían contener el cielo mismo en su interior, vi a Madre explotando desde bocas altísimas en el horizonte y descubrí a muchas criaturas que iban evolucionando, fueron ellas las que me enseñaron qué era el «Notiempo», pues cada muy poco caían sobre Padre y dejaban de ser, como si el tiempo las abandonara.

A veces me daba pena verlo… Por suerte otras nuevas criaturas se alzaban en pie y el ciclo comenzaba de nuevo, arriba y abajo, una y otra vez. A diferencia de mis hijos, estas criaturas de la más variada forma se nutrían de Padre, lo ingerían, lo deshechaban y al final, volvían a él. Imaginé que era un espectáculo que se me ofrecía para no aburrirme, ya que no podía moverme. Les quise poner un nombre porque yo no tenía ninguno así que no pude sino llamarles «arribajos» y les observé con creciente curiosidad a través de las visiones que me ofrecían mis vástagos de roca ya que rara vez podía verles yo mismo, eran tan pequeños y estaban tan abajo… Estas criaturas crearon civilizaciones que me honraban a mí y a mi descendencia, sus pueblos se convirtieron en ciudades con edificios cada vez más altos.Construyeron artilugios primero de madera, luego de metal con los que recorrían sus caminos y aprendieron a cruzar los cielos cada vez más rápido.

Algunos arribajos abandonaron Padre surcando las estrellas en ciudades flotantes y fue mucho más tarde cuando volví a saber de ellos: habían mutado y parecían haber olvidado de dónde provenían, les llamé «excultores». Cuando regresaron, iniciaron una guerra terrible contra las criaturas que una vez fueron sus hermanos, destruyendo sus ciudades y pueblos. También atraparon a muchos de mis hijos y esculpieron símbolos en su superficie, anulando su voluntad. Picaron sus cuerpos hasta que el resultado acabó siendo una versión mastodóntica en roca de sí mismos, les llamaron «Gigantes» y a otros les llamaron «Esclavos». A estos últimos les ordenaron picar mis manos para crear más trabajadores y soldados pétreos, les daban vida encendiendo sus cabezas con mi fuego y luego se los llevaban a sus urbes voladoras para no regresar jamás. Pude seguir viendo otros mundos, otros Padres y otros cielos a través de sus ojos de fuego que se alejaban cruzando las galaxias. ¡Pobres hijos míos! Nacidos para ser criados en el automatismo y la obediencia ignorante.

Una colonia de Excultores se fundó a mi sombra donde los esclavos tras devastar mis manos siguieron picando mi torso incansablemente. Algunos arribajos trataban de protegerme de mis propios vástagos, golpeaban sus cuellos con martillos y cinceles con la esperanza de decapitarlos pero sólo obtenían el «notiempo» tras un manotazo o un pisotón. Pasaron años hasta que los arribajos pudieron borrar los símbolos de las espaldas y pechos de mis explotadores, rascando y rallando los surcos que los conformaban, devolviéndoles su voluntad. Una vez liberados, los siervos de roca destruyeron la colonia a puñetazos, aplastando las cabezas de sus patrones entre las palmas de sus manos. Hubo siglos de dicha entre los arribajos y como ellos llaman a mis hijos, los «Lapis».

Y ocurrió algo impensable para mí… Un arribajo se subió a los hombros de un enorme Lapis, golpeó la piedra durante semanas hasta que logró cincelar una abertura bajo su ojo de fuego. Le llamó «Cíclofo» y le enseñó a hablar por la abertura creada. Al principio el sonido era apenas entendible, sonaba a crepitar, así que fue cincelando conductos, colándose dentro de su garganta gigante hasta que el aire pudo entrar y salir ofreciendo una voz cavernosa que me hubiera hecho llorar de la emoción de haber podido. Habían sido centurias de escucha y comprensión, apenas hubo que enseñarle palabras y expresiones con la que poder comunicarse con sus pequeños vecinos.

Cíclofo en agradecimiento, unió a sus hermanos y ayudó a los arribajos en la mejora de sus ciudades, consiguiendo recursos y contándoles todo lo que había visto en su vida desde que yo le insuflara el fuego de Madre. Les relataba cómo yo había traído la vida sobre mi espalda cubriendo la superficie de materia orgánica y cómo ellos, habían evolucionado de pequeñas criaturas a seres con un inmenso ingenio. Los arribajos escribían libros y canciones, celebraban el ritual del ascua y en señal de buena suerte se saludaban tocándose la frente y extendiendo la mano hacia otros.

Piedra y carne, construyeron una muralla de kilómetros a mi alrededor y durante siglos se esmeraron en ocultar parte de mi torso bajo toneladas de tierra, con la esperanza de evitar verme convertido de nuevo en una cantera de soldados en caso de que los Excultores regresaran. También crearon los «ojos de piedra», enormes esferas de roca alimentadas en su centro con mi fuego eterno, fuego que me permitía ver todo lo que acontecía desde torres dispuestas en cada una de las ciudades que poblaban Padre.

Hace bastante que los arribajos dieron nombre individual a mis hijos, éstos les permiten trepar hasta sus cabezas para retirar nidos de otras criaturas y para pintarles caras como las de ellos, con bocas sonrientes a veces; les dibujan corazas y les incrustan piedras y metales que brillan al sol. Sus frágiles crías juegan a esconderse detrás de las columnas de piernas y atan cintas de colores alrededor. Los lapis se han convertido en los protectores de este espectáculo que sigo observando con la misma curiosidad de siempre. Alguna vez se acerca alguno de mis hijos que nada sabe de arribajos, ni de guerras, aquellos que quedaron como montañas embelesadas ante la visión de un paisaje, de un lago, de un cielo, quizá bajo una cascada y que se quedaron allí, contemplando durante milenios. Éstos no tardan mucho en volver a alejarse y en cuanto lo hacen, los arribajos inventan cuentos y poemas para sus cachorros, historias que resisten siglos.

Mi hijo Cíclofo suele venir a verme a menudo, me habla con su voz grave y crepitante, y a veces confiesa que se siente solo… Si pudiera responderle le diría la suerte que tiene. Le contaría lo que veo a través de los ojos de sus hermanos, aquellos que cruzaron espacio y estrellas hace tanto: cómo han exterminado civilizaciones y sometido a otras a la voluntad de sus señores. Y cómo muchos otros permanecen hundidos en planetas abandonados, con sus cuerpos destrozados por los impactos de antiguas guerras, siendo aún hoy cabezas decapitadas, inmóviles, con un ojo de fuego inextinguible, que me muestra lo que es la verdadera soledad del que no puede desprenderse del tiempo y dejar de existir.

Aveces Madre parece querer explotar dentro de mí, odia la evolución que ha surgido sobre Padre. Si yo no la contuviera lo devastaría todo: fundiría la superficie y arrasaría los cielos. Si nunca se hubieran creado aquellas ciudades flotantes… Es tal la tristeza que le provoca ver a esos titanes que son mis hijos, sin voluntad, saqueando mundos, vendidos y destrozados bajo los martillos de unos enemigos que ni siquiera son los suyos. Yo también veo el odio en la mirada de los pueblos que aniquilan sus manos de roca y veo la tecnología que esos pueblos crean tras siglos de ira contenida. Contemplo con horror cómo prueban sus artefactos contra mi descendencia capturada, cómo son capaces de fundir su piedra y de fundir planetas enteros que luego mueren congelados en la oscuridad. Desconozco el nombre de esa civilización casi destruída por mis vástagos, sólo sé que en su metrópoli flotante llevan la cabeza muda de un lapis con unas palabras grabadas: «Muerte a Kanus».

(Nota: Kanus: Mi volcán del wordbuilding Oscuridad.)

(Crossover) Encontrado en un antiguo diario escrito en la vieja lengua, en una de las galerías excavadas por los criptos en aquel mundo de Oscuridad. El diario fue intercambiado por un pequeño mechero de alcohol y media docena de huevos.

¿Qué sabes del sentir de la roca?
¿Acaso recuerda la incandescencia del que fue su corazón,
igual que una calavera recuerda el palpitar de una vida?
¿Siente añoranza del cosmos que le formó,
esa suerte de magia hermana que forma nuestros cuerpos?
¿Qué sabiduría encierra su inmortal contemplación?

Hoy he visto marchar a un lapis.
En la noche, su fuego descubría su lento vagar,
hasta que ha desaparecido entre las cumbres,
probablemente con la nostalgia de amaneceres silenciosos,
sin nuestras estelas rasgando los cielos que le trajeron hasta aquí.
Yo también me escondería de ver las mejillas de mi madre
arañadas por la prisa y la escarcha,
del que no aprecia cuán bello es su rostro.


Mundo III
por Javier Nostromo

«Estrella única»

Mucho antes de que el universo fuese un horror entrópico, y justo antes de conocerse la explosión de la que todo surgió, nos encontramos con que hay muchas piezas que iluminan esa noche cerrada y muda perteneciente a un gran abismo, al que nos asomamos cuando dirigimos nuestra mirada al firmamento.

Nuestra mirada, se nos devuelve con el mayor de los espantos cuando únicamente encontramos el vacío entre dos puntos de luz alejados, ya cadáveres que nos recuerdan que todos también moriremos sin emitir señal luminosa ni en la más resplandeciente de las noches más estrelladas.

Permitidme una mirada más, sé que mi contador vital se va decrementando mientras un tumor maligno va alimentándose de mi propio ser, esta enfermedad, no tiene más raíz que el escepticismo.

Cuando los números del contador aparecieron tras mi nacimiento, no podía distinguir la realidad más mundana de la percepción que tienen todos los seres humanos cuerdos, de otras realidades que ocupaban distintos lugares de los que podía enfocar con mi mirada; personajes y hechos se entrecruzaban en mi cuna mientras miraba unas estrellas reflectantes artificiales en el techo de mi cuarto.

Me dijeron con una canción, de esas que ya no nos dejan susurrar dulcemente nuestros padres cuando crecemos, que existía una estrella negra inicial, y me repetían con musicalidad, en mi lengua materna y que aquí me limitaré a traducir a vuestro mundano lenguaje:

“Estrella única,
primera Causa.
De la que el primer ciclo.
Hizo que todo surgió,
Tras su destrucción.
En una infinita explosión,
Entre llamaradas,
Montados en una salamandra
De fuego,
En la que Haniel y
Vaulela,
Emprendieron su
Exilio,
Y comenzó
Todo aquello que luego germinó.”

Esta canción, se cantó de padres a hijos, de generación en generación, mientras se iba perdiendo con la misma entropía del tiempo, quizá yo fuese la última alma humana en recordarla tras millones de generaciones, y mi linaje se iba a extinguir.

La historia se repite, nosotros como criaturas aisladas en algún lugar del cosmos, pretendemos dominar el suelo que se nos creó.

Dominamos y somos dueños y señores de otras especies, incluso de congéneres que ponemos a nuestro servicio por circunstancias artificiales.

Al final, las civilizaciones desde un momento fundacional a su fin, no nos pertenecen, mientras no existe un cataclismo, solamente permanece la tecnología, el dueño de la misma es el nuevo amo del planeta.

Pero toda tecnología, requiere recursos y energías, y los planetas se desgastan y se apagan.

Al final, siempre llega una mente individual con una invención, que pretende revertir el proceso y volver a dotar los elementos esenciales de todo planeta: fuego, mar, aire y tierra; da igual el hielo si hay fuego; poco importa la tierra si no es fecundada por el agua; todo se complementa con todo.

Todos terminan haciendo del inventor un mesías, alguien que nos liberará del final, de ser apagados.

Y entonces se crea el gran artefacto, capaz de llenar todo de luz y fuego, un catalizador de llamas que volverá a que nuestro núcleo planetario sea ígneo de nuevo.

Nuestros seres elementales del fuego, nuestras salamandras, han ido muriendo, solamente un puñado quedan en las zonas lejos del bullicio e impregnadas de silencio, apartadas de esos lugares distantes donde todo se decide, donde apenas se necesita pulsar un botón para colmar los caprichos de hombre sofisticado y vanidoso.

Yo tengo una salamandra hecha de fuego, legado de decenas de miles de años, que nos obedece y protege, que mantenemos oculta dentro de una gruta y que nos da un calor lleno de puro fuego y amor a mi familia.

Mi mujer murió, como una víctima colateral, o al menos así aparecía en un listado interminable de bajas en las guerras por los ciclos circadianos inducidos. Querían obligar a mantenernos en letargo para poder no consumir la energía que iba apagando el planeta.

Esa noche helada fue especial, los omniinformativos nos dirían que muy avanzada la madrugada se activaría el artefacto y que iba a reequilibrar los elementos de la naturaleza, sin el concurso de los propios seres elementales.

Un positivismo arrogante.

La misma historia con la que finalizaron otros mundos.

En la entrada de la gruta, alcé una lámpara refulgente del escaso material que alberga luz en sí misma, del que se alimentaba mi particular lucero.

—He entrado en Ser —grité.

La salamandra empezó a emitir grandes chispazos del más puro fuego que se adhería a las estalactitas de la gruta.

Y vino a nosotros, mis pequeñas criaturas de apenas meses de vida, estaban recubiertas por tela sustentadora de alimento, aire para vivir, y conocimientos que aprender.

Salimos a ese paisaje helado que iba deshaciendo sus capas de hielo sin violencia con las pisadas y el calor irradiado del cuerpo de la salamandra.

La salamandra de fuego, inmensa en toda su magnitud, me miró y supo que debía hacer, habilitó parte de su espalda, formando una burbuja protectora, donde deposité a mis criaturas.

Activé el dispositivo de memoria, para dejarles mis últimas palabras, y fue así como les susurré la letra de la melodía ancestral:

“Estrella única,
Primera causa…”

La salamandra cruzaría el espacio y encontraría el planeta adecuado para mis hijos, donde todo comenzaría de nuevo.

Yo me quedé solo en la tierra, viendo como la salamandra se alejaba en un bello ondular dejando una estela candente de fuego, me quedé mirando hacia arriba, como los antiguos fundadores hacían de manera ritual todas las noches.

Me quedaban todavía unas horas para que el artefacto, que iba a devastar todo, se activase, bajo la esperanza inútil dada a toda la población que esa tecnología sería la única que les salvase.

No fue así.

Mi única esperanza es que mi última melodía se pierda alguna vez en los ecos del tiempo y no haya más mundos que se destruyan.

Mientras tú, contemplas alejado en el tiempo y en el espacio mi firmamento.


Mundo IV
por Juan Pablo de Betolaza

«La Tragedia de Eshnur la Bella»

De los pergaminos de Arsannan, Edad Hiboria

“Cuando la luz se vuelva ceniza

en la joya del desierto

el peón de las pesadillas

será el relicario de los muertos.”

Séptima Profecía de Edu-Kun, El Iluminado

Eshnur la Bella se erigía en la costa occidental del Gran Mar Interior, allí donde las arenas y las rocas de las estepas se fundían en las aguas cristalinas. Era una ciudad-estado autosuficiente con un delicado balance de orgullo y poderío que la mantenía independiente. La ciudad sagrada de la Llama Etérea, la única religión permitida, era el hogar de más de treinta mil ciudadanos libres.

El Sabio Consejo gobernaba la ciudad-estado desde el Palacio y estaba compuesto por cinco asientos: el Sátrapa, en representación de la nobleza, tres Adoratrices de la Llama Etérea y el Maestro de la Orden del Eneágono, máximo responsable de las ciencias.

Los Reinos Hiborios se encontraban al oeste de Eshnur, detrás de varias millas de estepas que servían de barrera natural contra sus riñas diplomáticas y pretensiones invasoras. Sin embargo, no faltaban los ambiciosos y corajudos mercaderes que iban y venían con maravillas locales y extranjeras, rumores y mensajes.

Las rutas comerciales también se extendían al sur bordeando el Gran Mar Interior hacia el Reino de Turán. Sus reyes intentaron hacerse de Eshnur por la fuerza en dos ocasiones, con rotundos fracasos, para luego comprender que los tratados comerciales eran más fructíferos que la guerra.

Los dominios de Eshnur la Bella se extendían por toda la mitad norte del Gran Mar Interior. Allí donde había algún recurso valioso, ya fuera un oasis, incienso, cobre, sales o jade, los eshnuritas habían levantado un fuerte, un santuario y un asentamiento para explotarlo. La principal fuente de alimento era la industria pesquera y contaba con una protección equivalente de nuestra flota sagrada.

La ciudad nunca había sido invadida a pesar de no tener muros, ni siquiera el Palacio los tenía, y así le daba la bienvenida a todos aquellos que quisieran visitarla. “La Bella” no era un epíteto caprichoso. El reflejo de la luz del alba en el mar iluminaba primero los domos revestidos de oro y los esbeltos minaretes de jade para luego agraciar al resto de la ciudad hasta su puesta, a espaldas de las dunas. La ciudad estaba dotada de un elegante entramado de canales que llevaba agua fresca a cada distrito y calles elevadas para el tráfico de a pie. Por las noches cobraban protagonismo cientos de tenues llamas azuladas que brillaban sobre los edificios sagrados y eran casi imperceptibles durante el día.

El centro de la ciudad estaba dominado por el Palacio, una gloriosa estructura con un domo central y cuatro domos secundarios que formaban la nave principal del edificio. Cuatro minaretes definían las esquinas del Palacio en un cuadrado perfecto de trescientos pies de lado, y cada minarete alcanzaba ciento ochenta y cinco pies y medio de altura, logrando una proporción dorada entre la planta y el volumen definido por las torres.

Todos los minaretes de la ciudad se consideraban sagrados, sin importar su altura, e iban rematados en su extremo por una llama azulada permanente. La llama era conjurada por una adoratriz y representaba la bendición religiosa del recinto.

La religión de la Llama Etérea protegía y alimentaba el alma de los ciudadanos, o al menos eso proclamaban sus sacerdotisas. Desde los orígenes de nuestra cultura, la casta religiosa estaba estrictamente compuesta por mujeres, las únicas aptas para interpretar una entidad evidentemente indiferente a los problemas de simples mortales. Ellas aseveraban que las posiciones combinadas del sol, la luna y los astros condicionaban la naturaleza humana y el porvenir de la civilización.

Por otro lado, la Alquimia, la Arquitectura y la Ingeniería que edificaban la ciudad, mejoraban nuestro estilo de vida y resolvían problemas reales con pragmatismo e inteligencia eran tareas de hombres. Juntos formábamos la Orden del Eneágono, cuyo ambiente competitivo fomentaba lo mejor de nuestras disciplinas. Tristemente, la participación de la Orden en la política quedaba relegada a un segundo plano.

Los integrantes de la Orden vivíamos en el Zigurat de las Ciencias, a mi entender el edificio más elegante de toda Eshnur, mientras que la Llama Etérea controlaba el mismísimo Palacio de la ciudad. El Zigurat no era tan alto como el Palacio ni tenía terminaciones de oro o jade, pero era perfecto y funcional. Además había sido construido sobre la entrada a un complejo de cavernas naturales que permitía realizar todos los experimentos necesarios sin poner en peligro a la población.

Si hago demasiado énfasis en los aspectos maravillosos de Eshnur la Bella, es porque alguien debe conservar su recuerdo de las arenas del tiempo. Y me temo que no queda nadie más que yo para hacerlo.

***

Mi nombre es Arsannan, último miembro de la Orden del Eneágono. Tanto aliados como enemigos me han denominado de varias formas a lo largo de los años, pero mi historia comienza cuando ingresé a la Orden como un humilde aprendiz de laboratorio, a los tempranísimos once años.

Verán, para ingresar a la Orden había que demostrar pericia en una de las tres ciencias magnas: Alquimia, Arquitectura o Ingeniería, a través de un duro examen. Con el pasar de los años, uno podía alcanzar rangos más elevados a medida que desarrollaba sus habilidades en las ciencias, al punto de trabajar con aquello que los simples mortales consideraban “magia” por escapar tanto de su comprensión.

El Maestro de la Orden era el rango más alto y podía ser ocupado por un único individuo. También era denominado “El Tres Veces Grande” por su dominio supremo en las tres ciencias. Justo por debajo del Maestro se encontraba el Colegio de los Nueve, los mayores exponentes de cada ciencia: tres Pirias Alquimistas, tres Baujaus Arquitectos y tres Imoteps Ingenieros.

Si le hubieran preguntado a aquel Arsannan de once años cuál era su deseo más profundo, les hubiera dicho llegar a Maestro de la Orden. Pero claro, por aquella época tenía aspiraciones limitadas y no era capaz de predecir la ambición que se despertaría en mí con los años.

Mis años de aprendiz en la Orden fueron tediosos, hasta humillantes, al ser el integrante más joven alguna vez admitido. Tuve que valerme de toda mi voluntad para sobrellevar las burlas y el acoso de otros aprendices bastante mayores que yo. Hasta no ascender al segundo rango, sufrí labios partidos, ropas arruinadas y otros abusos de fuerza que luego me cobraría.

Logré acceder al Código de Nabi aún siendo aprendiz gracias a mi acelerado entendimiento de las antiguas escrituras cuneiformes. Nabi había sido uno de los fundadores de la Orden del Eneágono y fue el primero en codificar las ochenta y una fórmulas alquímicas en un voluminoso conjunto de tabletas de arcilla. Si uno contaba con los reactivos correctos, las fórmulas más complejas permitían conjurar entidades inteligentes de otros planos de realidad para servirle, dentro de ciertos límites del tiempo y el espacio. Dichos seres dieron lugar a fábulas variopintas de demonios, espectros y genios. Curiosamente, los apelativos populares de las entidades fueron tomados por la misma Orden tras la Primera Guerra Turánica.

Las defensas de Eshnur la Bella se valían de entidades extraplanares combinadas con maravillas de ingeniería a disposición del ejército. Asimismo, las obras más grandes y complejas de la ciudad-estado eran construidas con asistencia de dichas entidades a partir de diseños arquitectónicos eshnuritas, imposibles de replicar por otras culturas.

Cuando alcancé el rango de Adepto, ya dominaba casi todas las fórmulas: podía llamar a un pequeño genio de aire a ordenar mis habitaciones, enviar una sombra de ojos carmesí a asustar de muerte a un contrincante, o incluso traer a mi lecho una súcubo de carne y hueso, llena de vicios inagotables, para pasar la noche.

Mi vida cambió debido a una amonestación que sufrí por experimentar con el fuego de forma clandestina. El dogma de la Llama Etérea establecía que el fuego era sagrado en todas sus formas. Naturalmente, a mí no me importaba. Mi instructor de entonces era el Piria Mesama, uno de los eruditos más aclamados por su habilidad para combinar alquimia e ingeniería en la creación de sirvientes permanentes llamados gólems. Y Mesama no tuvo otra alternativa que reportarme.

La amonestación fue pública y tuvo lugar en el Palacio. Allí conocí a la Procuradora Numeraria Ninki, quien en un único encuentro iba a dictaminar mi condena y obsesionarme por el resto de mi vida. Parada sobre el estrado, con su túnica de lino blanco atravesada por la luz coloreada que entraba por el vitral a sus espaldas, Ninki era una visión de ensueño. Apenas presté atención al resto del tribunal, solo podía enfocarme en ella: sus ojos esmeralda, sus labios y su melena azabache.

Tomé la condena con entereza mientras me conducían a un edificio administrativo a servir a la comunidad con tareas burocráticas durante un año y un día. Sin embargo, la entereza me duró poco. Alejado de toda ciencia y perturbado por los recuerdos de Ninki, mi ánimo había comenzado una caída libre de tormentos inesperados. La pequeña habitación no tenía más que un catre, una lámpara y un pequeño baúl. Envié múltiples cartas al Palacio suplicando una nueva audiencia, sin ningún tipo de respuesta. Mi propia Orden tampoco me respondía.

Casi enloquezco de soledad hasta que tuve una visita inesperada una noche de luna nueva. Nunca escuché la puerta. Me desperté con ella ya dentro de la habitación, como si se hubiera materializado ahí mismo. Desde la cama, la vi encender la lámpara de espaldas, cuya luz resaltó su delicada túnica de lino blanco. No era otra que Ninki, de carne y hueso, y el beso ardiente que me plantó en los labios me comprobó que no la estaba soñando. Mi cuerpo respondió con la energía de un adolescente en celo. Ella alzó su túnica lo suficiente para subirse a horcajadas sobre mí y mi corazón dio tres vuelcos.

La mismísima Procuradora Numeraria me estaba cabalgando de maravillas.

Ella gemía mi nombre y revoleaba su cabellera mientras nos acercábamos a la cima del placer. Aferrado a sus caderas y con los ojos cerrados, sentí los huesos de su espalda cambiar de lugar y escuché cómo se rasgaba su túnica. Con una carcajada de las profundidades, ella desplegó por completo sus alas coriáceas y se abrió camino por mi pecho con sus garras. Ya no tenía a Ninki encima mío, era la súcubo que ya conocía de mis conjuros.

—¿Cómo…? ¿Cómo es posible? —pregunté entre jadeos ahogados mientras ella se disolvía en una nube de sombras y me dejaba expuesto, sin la satisfacción prometida.

—Hazte de la Llama Etérea y ella será tuya para siempre.

El par de fulgurantes ojos rojos fue lo último en desvanecerse.

***

Tras cumplir mi condena burocrática volví al Zigurat y retomé mi carrera para alcanzar el Colegio de los Nueve. Con apenas veinticinco años, y gracias a secretos revelados por distintas entidades de las sombras, me convertí en el experto alquimista más joven de todos los registros de la Orden y el primero en siglos que era capaz de transmutar mi propio cuerpo a otros materiales.

Mi nuevo rango y los recursos asociados al Colegio me permitieron volver a mis experimentos con el fuego, con mayores precauciones para no ser descubierto, en las cuevas más profundas de la ciudad. Probé múltiples reactivos traídos de distintas partes del mundo que lograban llamas de distintas temperaturas y colores, pero nunca alcancé a replicar el tono y la vivacidad de la Llama Etérea. También había vuelto a conjurar a la súcubo que me supo atormentar en mi condena y juntos urdimos un plan para robar la Llama Etérea del Palacio.

Durante mis últimos días en la Orden, deduje una propiedad arcana de la Llama Etérea que no figuraba en ninguna tableta de Nabi ni en otros grimorios. Era evidente que esa información era tabú para los hombres y requería de algún tipo de comunión con una mujer, un ritual esotérico fuera de toda ciencia práctica. No cabía duda alguna: el robo de la Llama Etérea estaba intrínsecamente asociado al cuerpo de Ninki. Mis espías de sombras habían descubierto la ubicación exacta de su dormitorio y, gracias a mi rango, tenía acceso a los planos de construcción del Palacio.

El asalto tuvo lugar durante la noche del solsticio de invierno, tras un largo festival donde la religión congregaba a todo el pueblo en torno al Palacio para agradecer a la Llama Etérea por su protección durante las largas noches de invierno. Para mi fortuna, el Colegio de los Nueve también estaba invitado.

Envuelto en una capa de tinieblas, fue muy sencillo permanecer en el Palacio a medida que la muchedumbre se retiraba y escabullirme de los guardias sagrados, un grupo de élite armado con sables de hojas curvas y escudos de bronce forjado en forma de llama. Así escondido aguardé entre los rincones del maravilloso edificio hasta que las sacerdotisas estuvieran dormidas. Para evadir a los guardias transmuté mi cuerpo de carne y hueso en una nube oscura, una forma que podía tomar por apenas unos minutos y que me valió para penetrar el dormitorio de Ninki a través de la cerradura de la puerta.

Allí estaba ella, desmayada en su lujoso lecho tras un largo día de rituales. La habitación estaba iluminada de azul por una Llama Etérea que brillaba a un palmo de altura sobre un pedestal tallado en mármol, en la pared opuesta a la cama. Volví a mi cuerpo natural y me acerqué a Ninki. Era mucho más bella de lo que la recordaba. Tracé en torno a su cama un círculo con un polvo exótico traído del lejano Reino de Aquilonia. Di un paso dentro del círculo y sonreí con la satisfacción de quien está a punto de completar un plan de muchos años.

Algo la despertó. Nunca supe si fue su sexto sentido o mi torpeza derivada de la ansiedad. Antes de que ella pudiera gritar, le arrojé una mordaza de sombras y forcejeamos. Entonces la Llama Etérea del pedestal comenzó a centellear y creció hasta envolver el pedestal, la puerta y las paredes de la habitación, sin dañarlas en absoluto. La Llama quería proteger a su adoratriz y no podía cruzar mi círculo alquímico. Los guardias del corredor, al escuchar el rugido de las llamas, abrieron la puerta y quedaron tan sorprendidos que no se atrevieron a ingresar.

El forcejeo con Ninki semidesnuda y la inminente victoria me distrajeron lo suficiente para precipitar mi fracaso. Sometida a mi peso y de brazos abiertos, la piel de Ninki brilló hasta que lenguas de fuego cerúleo surgieron de su pecho, de su boca y de sus ojos, y me empezaron a quemar vivo. La solté de inmediato e intenté contener aquella entidad arcana que eludió por siglos el entendimiento de los hombres y pretendía volverme cenizas. No sé si fueron los reactivos que llevaba conmigo o mi propio intento de cambiar de forma para escapar, solo sé que la llama comenzó a tomar un color violáceo y a ganar temperatura.

—¡Por Edu-Kun! —gritó Ninki horrorizada— ¿Qué has hecho?

La explosión me dejó inconsciente. Me desperté rato después, entre gritos lejanos y ruidos de derrumbes. Ya no quedaban muebles, ni muros, ni techos. El Palacio se había reducido a algunas columnas y escombros y podía ver con claridad la conflagración violeta extendida sobre toda Eshnur. De Ninki y de los guardias, solo quedaban cenizas.

Entre tosidos ahogados de humo, sentí que algo ardía en mi pecho. Abrí los jirones chamuscados que quedaban de mi túnica y comprobé, para mi horror, que una brasa oscura con facetas violáceas del tamaño de un puño se había alojado entre mis costillas y sobresalía de mi piel. Las visiones y los gritos de las víctimas me han atormentado día y noche desde entonces: mujeres, hombres y niños que supieron vivir en el paraíso.

Me convertí en un vagabundo demacrado, el único habitante de una ciudad fantasma, la encarnación de una maldición esotérica que no me permitía utilizar mis tan preciados conocimientos. Años después del cataclismo, entre incontables episodios de fiebre y de locura, logré redactar estas memorias rudimentarias. Escribo las últimas palabras desde las ruinas del mismo Palacio donde todo se fue al demonio, cubiertas de arena casi por completo al igual que el resto de Eshnur la Bella.

¿Qué mejor lugar para recordarla?


Mundo V
por Rodrigo Liceaga

Nombre del mundo: Kremirovan (incinerado en ruso)

Planeta dentro de la “eco-esfera” del gigante rojo Gacrux, conocido por tener varios Exoplanetas capaces de albergar vida.

Kremirovan es un planeta con las condiciones adecuadas para preservar la vida, solo por las noches. Debido a la proximidad del planeta con su estrella, durante el día, la superficie del planeta en los primeros rayos de luz matinal queda totalmente incinerada. La luz del sol arrasa con todo a su paso.

Los ciclos de día y noche en Kremirovan duran el equivalente a 100 años terrestres. Dando la posibilidad de habitar en considerable calma el planeta durante la noche.

Nombre de la civilización principal: Zharenyy (Frito o Freído en ruso)

Primates, caracterizados por la bipedestación, con cerebros grandes y complejos que permiten el desarrollo de herramientas, cultura y lenguaje avanzados. Humanos

Nombre del territorio: TAXILA.

Mega ciudad autosustentable gracias a la Inteligencia Artificial “El Centurión”. El Centurión construyó la ciudad, y la va acondicionando conforme al crecimiento poblacional, así mismo salvaguarda a sus habitantes durante el ciclo nocturno del planeta; la ciudad está amurallada en su totalidad, se van generando nuevas secciones conforme avanza en el territorio ocupado, fuera de las murallas hay flora y fauna terriblemente hostil para los Zharenyy, tanto la flora como la fauna del planeta está adaptada para poder sobrevivir grandes temperaturas, y en ocasiones generar suficiente calor por sí mismas, el detalle se puede ver en la sección de Biotopo.

HABITANTES

El Centurión va calculando las necesidades de la población para crear en fábricas automatizadas, que abarcan varias manzanas, distintos tipos de androides y robots para diversas funciones y propósitos.El Centurión va ayudando en todo lo posible a los habitantes, repara descomposturas en los equipos y herramientas o los reemplaza con versiones optimizadas en diseño y funcionalidad acorde a las necesidades de la población. Por toda la Ciudad hay “DOSA” (Drones de Sistemas Automatizados) máquinas autónomas creadas por el Centurión, diseñadas para la construcción, mantenimiento y en ocasiones defensa de todas las estructuras e instalaciones de la ciudad. Existen variantes, cada una adaptada a una tarea específica; Los DOSA son de color blanco grisáceo y tienen dos apéndices en forma de brazo con dos grapas al final de cada uno, junto con una «cabeza» central y un tren de aterrizaje curvo que contiene un haz de luz. La forma de los DOSA puede diferir según la tarea. Todos los DOSA son construidos en enormes fábricas automatizadas, alejadas de los asentamientos de mayor densidad de población. Cuando estas son alcanzadas por la mancha urbana, son reubicadas nuevamente para alejarse de la población Zharenyy.

CULTURA

Los Zharenyy viven relativamente cómodos y en paz. La mayoría de sus necesidades están cubiertas. Sin embargo viven en una constante lucha de superación personal. Buscan ser reconocidos ante El Centurión como Dignos, ya que una de sus directivas principales es analizar constantemente a la población para detectar especímenes, con la reserva genética adecuada a modo de preservarla. Y así mantener una línea altamente competente, mental y físicamente. El Centurión, periódicamente analiza a toda la población para determinar quiénes tienen mejor potencial para la supervivencia, se analiza entre otras cosas, la agilidad mental, capacidad para resolver problemas, liderazgo y salud física.

De este modo los Zharenny son segregados según sus habilidades y son orillados a explorar sus capacidades a todos los límites.

Aquellos Zharenyy identificados como “defectuosos” pero funcionales, son esterilizados al momento de terminar los análisis y se relegan a trabajos serviles. Las actividades comunes a las que se asigna a estos defectuosos, van desde mantenimiento a intendencia, principalmente son enviados a las expansiones de la ciudad, ya que si son alcanzados por la fauna hostil encontrada a las afueras de los muros, no afecta la directiva del Centurión de encontrar a los mejores especímenes.

Los “defectuosos” que tengan alguna enfermedad genética degenerativa, o discapacidad mental grave, desde que nacen, son inmediatamente separados de sus madres para aplicarles eutanasia.

Las Pruebas.

Además de los análisis genéticos y las examinaciones para determinar el nivel cognitivo a toda la población, hay pruebas físicas que se realizan a los candidatos potenciales para evaluar su resistencia física, inventiva, cualquier combinación de velocidad, natación, salto, equilibrio, flexibilidad, fuerza, destreza, coordinación, memoria muscular e inteligencia deportiva.

Las personas deben desempeñarse en su nivel más alto de manera constante, ya que esta es la única forma en que pueden asegurar una posición sólida dentro de las clasificaciones.

La población en general vive tranquilamente a sabiendas del inevitable destino que se avecina al llegar el día, no hay una necesidad de perdurar su estirpe, la mayoría se mantienen contentos con solo ver las transmisiones de las pruebas a los candidatos, saben que el conocimiento queda guardado y transmitido eficientemente gracias al Centurión, comulgan amistosamente con su propia irrelevancia en el universo. Tienen muy arraigado desde temprana edad una certeza de salvación, y esta sólo puede llegar siendo elegidos por el Centurión. De ahí radica su esfuerzo en ser candidatos para las Pruebas.

El Centurión creó un programa Casamentero para el grupo de personas que logran pasar las Pruebas, el algoritmo va evolucionando conforme las distintas necesidades que se han ido presentando en versiones anteriores. El grupo está conformado por 10 mujeres y 10 hombres, todos son aislados y obligados a vivir juntos, con el objetivo de identificar las “Parejas Ideales”. Se les sugiere tener convivencias sociales y privadas para determinar y alinear a las parejas más compatibles, de este modo El Centurión obtiene las 5 Familias necesarias para repoblar la ciudad. Las 5 mejores parejas pasan a una segunda fase donde se gestiona su reproducción inmediata.

Todo el proceso para formar las parejas ideales del mismo modo que Las Pruebas es transmitido para el entretenimiento de los Zharenyy.

Se organizan grandes ceremonias con gran pompa y protocolo. Tanto para los ganadores de las pruebas como para cuando las Parejas Ideales se van formando, los Zharenyy siguen atentamente cada paso de estas ceremonias, salen a las calles vitoreando, acompañando el camino de los elegidos, a sus nuevos hogares, ya sea saliendo de las pruebas victoriosos o cuando las 5 familias se trasladan al Arca. 

El Arca es una versión en pequeño de la gran ciudad Taxila, los robots y DOSA hacen las labores de mantenimiento, la gestión de los recursos va a manos de los 5 líderes de las familias, El Centurión deja una serie de recomendaciones con base en los cálculos realizados, consumo de comida y energía principalmente. El objetivo principal dentro del Arca es procrear. Ya no hay muchas reglas a seguir estando dentro, en realidad al Centurión no le interesa si se respetan las parejas previamente asignadas, sólo mide el consumo de recursos con una proyección a la cantidad prevista de hijos que se necesitan, una vez y solo en caso de exceder el límite los niños “extras” son puestos en cápsulas de animación suspendida. De este modo está garantizada la supervivencia de las 5 familias. 

Sin embargo, a partir de este punto es cuando esta Realeza es realmente libre, ya nadie ni nada los vigila, no están bajo el escrutinio del Centurión, y sus vidas ya no están siendo transmitidas a toda la población, pueden ir y venir con total libertad dentro de las premisas del Arca. De igual manera todo lo referente a mantener la paz y el orden es responsabilidad total de ellos, si se determinan castigos por acciones criminales, el Centurión no tiene injerencia. Su participación se limita a proporcionar la información según sea solicitada. Ha habido situaciones en iteraciones pasadas donde esta libertad se manifiesta en un total desenfreno por parte de la Realeza, los excesos han llevado a las 5 familias al borde de la destrucción total.

La única injerencia del Centurión dentro del Arca es segregar y aplicar eutanasia a los miembros de la familia que llegan a la edad de 80 años, pudiera ser antes en caso de alguna dolencia médica que le impida ser funcional en las actividades dentro del Arca.

Hay un sector de la población en conflicto la indiferencia ante el inminente Fin del Mundo, no están de acuerdo con ser elegidos, segregados y  descartados, por lo tanto consideran ser igual de importantes como para resguardarse durante el día, no creen en el destino como casualidad que deba aceptarse sin más, su credo es de elección. Ellos deciden cómo y cuándo salvarse, han creado pequeños centros de reclutamiento para sumar más gente a su causa y salir de la ciudad. Se les conoce como los “Moradores de las Cenizas”, normalmente son un grupo numeroso con valor y coraje suficiente para salir de la comodidad y seguridad de la gran ciudad, van en caravana moviéndose por el territorio del planeta en rutas migratorias diseñadas para evadir el día y perseguir continuamente la noche. Es difícil decir cuánto tiempo llevan migrando de esta manera, regresan a Taxila solo cuando la ruta pasa cerca, aprovechan para comerciar, abastecerse de víveres y medicinas, también para recoger a los nuevos reclutas que se han convencido de abandonar la ciudad y salvarse de esta manera. Normalmente es gente que ha sufrido alguna perdida de algún familiar Defectuoso, o han tenido descendencia que resultó en la aplicación de eutanasia o han sido esterilizados, estos agraviantes lo toman como injusticias.

Son grandes cazadores y expertos supervivientes, tan buenos que ha habido ocasiones donde el Centurión, al hacerles las pruebas rutinarias a su llegada a la ciudad, los detecta como candidatos y obliga a quedarse.

La caravana se enfrenta a las inclemencias del clima y los peligros de la flora y fauna del planeta, las rutas son diseñadas para poder avanzar en relativa seguridad, sin embargo las impredecibles criaturas del planeta se han cruzado con la caravana y en la mayoría de las ocasiones con terribles consecuencias. A veces mermando mucho sus números, en esas situaciones se han visto obligados a regresar a la ciudad a reabastecerse y recobrar salud. Una memorable ocasión regresaron a pocos días del amanecer en Taxilia, apenas pudieron salir a tiempo antes de la completa incineración de la ciudad, avanzaron lo suficiente para resguardarse en las cadena montañosa más cercana y ver desde una distancia segura la destrucción de la ciudad. A raíz de ese evento, una nueva tradición en los Moradores de las Cenizas comenzó, la caravana regresa a ese lugar en la montañas la víspera del amanecer, de esta manera logran salvar a quienes de último minuto quieran abandonar la ciudad. Y atestiguan el destino de la ciudad y sus habitantes desde las montañas.

POLÍTICA

El Gobierno se va formando conforme a los resultados de los análisis y pruebas físicas, sólo los más aptos logran subir a la alta esfera. Los elegidos estarán a salvo cuando amanezca y la superficie del planeta, incluyendo la ciudad y todos sus habitantes queden incinerados. Los elegidos estarán a cargo de volver a poblar la ciudad y reiniciar todo el ciclo de nuevo.

Las 5 familias elegidas son consideradas la Realeza de Taxila y estarán resguardadas en un búnker especial durante los 100 años de día, las familias vivirán dentro del gran bunker El Arca, con capacidad de albergar a todos los descendientes que se vayan generando y mantenerlos en las mejores condiciones físicas y mentales. Mientras tanto realizan las funciones gubernamentales necesarias, asumen cargos políticos para mantener la ley y el orden dentro de la ciudad.

El Centurión da una guía y consejo de cómo debe funcionar el gobierno y acata las decisiones de los líderes elegidos.

Aquellos candidatos que no lograron pasar Las Pruebas son seleccionados para fungir como Pacificadores, a modo de policía militar, gestionan la ley y el orden dentro de los muros de la ciudad, son casi tan venerados como la Realeza e inclusive el Centurión anima a la población a intentar la pruebas, aun cuando los análisis genéticos no dan el resultado deseado para las candidaturas. De este modo, el Centurión puede llenar las filas de los Pacificadores.

RELIGIÓN

Dentro de Taxila existe un culto que adora al Centurión como una deidad. Desde el punto de vista de la gente común esta inteligencia artificial es un ente omnipresente, enseña a todos aquellos con intención de aprender, procura la salud de todos, fomenta la superación individual, organiza al gobierno, hace cumplir la ley impuesta y ejecuta las acciones disciplinarias cuando son solicitadas. Y sobre todo, está en constante búsqueda de quienes van a preservar la vida en Taxila cuando llegue la inevitable llamarada del sol, sin dejar de cuidar y procurar al resto. Lo único que el Centurión pide a cambio es obediencia a las leyes y prestarse para los análisis rutinarios. Y en el caso de ser seleccionados, seguir con las indicaciones correspondientes hasta llegar a la fecha del amanecer.

En realidad el Centurión está al servicio de los habitantes, si ellos preguntan, él contesta, si ellos necesitan algo, él lo resuelve. No está programado para presentarse como una deidad, de hecho siempre reitera su misión con los habitantes, la preservación de la vida. Sin embargo esto es visto como un acto misericordioso que debe ser reverenciado con abnegada devoción.

El culto al Centurión se da principalmente en centros ceremoniales y algunas familias tienen en sus hogares pequeños altares para rezar. Rezan por oportunidades para probarse dignos, por tener resultados óptimos en sus análisis.

ECONOMÍA

La economía dentro de la Taxilia está basada en el trueque de productos y servicios mayoritariamente, dado que el Centurión se hace cargo de gran cantidad de las necesidades primarias de los Zharenyy, hay repartición de trabajos conforme va evolucionando el desarrollo de la gran ciudad. Estos trabajos van en función de ofrecer a todos los habitantes lo necesario para vivir. 

La gestión de la infraestructura, agua, drenaje, caminos, electricidad y telecomunicaciones corren a cargo del Centurión, sin embargo hay dentro de estos rubros supervisión de los habitantes.

También hay desarrollo de oficios, asignados dependiendo los resultados de los análisis, tomando en cuenta la predisposición a ciertas tareas y talentos.

Los trabajos para la producción de comida son gestionados por la población.

La superficie del planeta es rica en minerales, una de las principales funciones de los DOSA es la minería y recolección de recursos, hay Bancos de materiales cerca de las cadenas montañosas del planeta, e inclusive algunas montañas son en su totalidad de cierto tipo de mineral.

El Carbón es uno de los recursos a recolectar por los DOSA, es usado para la construcción de edificios, se recolecta de árboles, rocas y depósitos, los DOSA incendian cierto tipo de árboles para hacerlos carbón, se procesa y utiliza en la ciudad.

El mineral Nova es el más utilizado para la construcción de estructuras de defensa como los muros de la ciudad, armas y fortificaciones. El porcentaje mayor de los trabajos de minería está en este recurso.

URBE

El tráfico de vehículos es subterráneo, las calles en la superficie están construidas para peatones, los edificios están diseñados para mantener el nivel de temperatura de la calle más fresco en varios grados. 

Los edificios tienen vidrio espejado con una ligera inclinación usada para reflejar la luz entre los edificios. Todos los edificios están iluminados de manera que la luz es distribuida eficientemente por todos lados, así aunque en el exterior persiste la oscuridad de la noche, la luz de los edificios ilumina todo claramente.

Hay muchas áreas verdes y jardines, para intentar incentivar la interacción entre la población.

La ciudad está distribuida en enormes distritos, cada uno idéntico al otro y con las amenidades necesarias, como áreas de esparcimiento y entretenimiento. Dependiendo de las decisiones gubernamentales, basadas en la cantidad de recursos recolectados, se van autorizando la construcción de más centros recreativos, los cuales no están limitadas a solo los caprichos de la alta esfera, cuando hay uno o más interesados en crear alguna atracción en específico, no importa la asignación que tengan, se solicita el permiso al gobierno para validar la construcción. Inclusive si dentro de la población dedicada a cierto oficio, uno o más se juntan para construir, por ejemplo un restaurante o un servicio de jardinería y paisajismo, someten su solicitud a la validación pertinente.

Así fue como los centros religiosos fueron aprobados y posteriormente construidos.

TRADICIÓN

La tradición más importante son Las Pruebas, y hay varias tradiciones que acompañan todo el protocolo, como todo es transmitido a la población, el involucramiento de los Zharenyy con los participantes es a nivel casi personal.

Cuando un participante es seleccionado los vecinos de la unidad habitacional donde reside, hacen una gran kermés, con juegos y dulces para los niños, se organiza una pequeña competencia para preparar platillos a todos los asistentes y un platillo especial para el Participante de las pruebas, él decidirá al ganador de la mejor comida. También se le designa  como “Rey” de la colonia. Se le agasaja y festeja hasta el día en que tiene que iniciar su preparación para Las Pruebas. Posteriormente lo siguen en gran carnaval al lugar donde se lleva a cabo el evento.

Si el Participante no logra pasar las pruebas, una vez más los vecinos se juntan en Carnaval para regresar a casa.

Si el Participante logra pasar las Pruebas, ingresa a la siguiente fase, “el Casamentero” donde estará encerrado con los demás candidatos victoriosos, para este punto el traslado a las instalaciones donde estarán encerrados, muchísima más gente de toda la ciudad acompaña el avance de la procesión que los acompaña a su nueva aventura.

La colonia de donde salió el candidato victorioso queda marcada para siempre como un semillero de ganadores, la familia del ganador comienza a tener solicitudes que van escalando dependiendo la desesperación de los solicitantes, desde peticiones de matrimonio a negociaciones por un par de horas con algún integrante masculino de la familia. En situaciones más desesperadas, se han llegado a presentar casos de la compra de esperma, ya sea de algún miembro de la familia o del mismo candidato antes de abandonar la colonia. 

Se han dado casos en donde la familia viéndose en la posición codiciada, organiza un gran Bacanal; grandes fiestas para practicar libertinaje de todo tipo. Orgías nocturnas, baile, sacrificio de animales, enormes banquetes, bebidas y sexo. Todo sentimiento de modestia queda extinguido y es reemplazado por el alcohol, el discurso lascivo y las relaciones sexuales bajo el cobijo de la noche.Estos Bacanales han sido bastante efectivos y alentados por el Centurión, al ser identificada la estirpe el mejor curso de acción es multiplicarla en todos los medios posibles.

BIOTOPO

Fauna.

Fuera de la ciudad hay gigantescas criaturas alrededor de las murallas, el brillo de estas atrae a una especie de babosas gigantes, que llegan a medir entre 8 y 10 metros, hechas de magma, son predominantemente de color rojo, muy brillante, desvaneciéndose a un rojo más apagado a lo largo de sus cuerpos. Con ojos grandes y redondos, la cabeza de estas babosas es ovoide coronada con flamas encendidas desde sus ojos. La parte inferior de su cuerpo es de forma irregular y conforme camina va quemando todo a su paso. Se ocultan bajo tierra, en un estado de hibernación. Estando debajo les crece una especie de pelaje muy grande que aparenta ser pastizales, parecido a una especie de pasto que crece en la ceniza. Con ese pelo expuesto a la intemperie absorben oxígeno para sobrevivir, comen principalmente ceniza, la cual abunda durante la noche del planeta, así que constantemente migran a las zonas que recién anochece, buscando la ceniza recién hecha.

También hay formas de vida a base de fuego, flamas vivientes. Con registro térmico muy impredecible, suben y bajan de temperatura a voluntad, cuando se ven amenazadas comienzan a danzar en círculos formando un gran tornado de fuego. 

Estas dos especies tan cercanas a los muros de la ciudad, son los principales peligros encontrados por los Zharenyy, sobre todo cuando las expansiones de la ciudad tienen lugar. Los DOSA ayudan a mantenerlos a raya sin embargo los incidentes al tratar de controlarlos llegan a pasar.

Los Moradores de las Cenizas se han encontrado con otras especies sin embargo, no hay registros detallados de estas.

Flora.

En ciertas concentraciones de la superficie del planeta se abre paso la vida en forma de árboles y plantas con cierta pigmentación bioluminiscente con tonalidad morada y azul, estas manchas en el paisaje se pueden ver a kilómetros de distancia. Muchos de los jardines al interior de la ciudad contienen estos árboles y plantas bioluminiscentes, los jardineros Zharenyy logran cambiar el color de estas plantas para darle variedad al paisaje urbano y estéril con vibrantes colores.Existen otros árboles de gran tamaño que los Zharenyy tratan de “domar”, para incluirlos en sus jardines, esta variedad particular absorbe los químicos flamables del ambiente y lo transforman en flamas en las puntas de las ramas, estos Árboles de fuego, empiezan a crecer muy rápido en cuanto la luz del sol comienza a menguar. Algunos jardineros Zharenyy hacen expediciones fuera de la ciudad en búsqueda de estos árboles para estudiarlos y llevarlos dentro. Hay pocos árboles de fuego dentro de la ciudad pero muy cotizados.

Fenómenos meteorológicos.

Las tormentas de ceniza son comunes, y es por esta razón que los muros de la ciudad son tan altos. Hay diferentes magnitudes para estas tormentas cuando la potencia es muy alta, las alarmas de la ciudad avisan a la población para buscar resguardo.

Orografía.

Una cadena montañosa a 10 kilómetros de la ciudad se extienda más allá del horizonte, dentro de las montañas hay ríos subterráneos que se extienden justo debajo de la ubicación de la ciudad, de esta manera los Zharenyy con ayuda del Centurión, solo tienen que excavar pozos de extracción de agua potable, el Centurión gestiona la recirculación del líquido e inclusive recicla lo más posible.

La ciudad está situada en un valle, y es el punto más propicio para la vida, ya que cuenta con una fuente de agua casi inagotable.

HISTORIA

El Centurión es una inteligencia artificial creada por una raza alienígena dedicada a recolectar distintas especies avanzadas por el universo, por circunstancias no del todo claras la nave en la que se trasladaban con una buena cantidad de especímenes Humanos, tuvo una descompostura, las últimas instrucciones dadas los por alienígenas al Centurión fueron: “mantén a los especímenes a salvo. Volveremos”.

Usando una pequeña nave construida con los remanentes funcionales de la nave dañada lanzaron al espacio a un emisario en búsqueda de ayuda.

La IA al verse con la responsabilidad de mantener a la especie a salvo, llegó a una conclusión lógica: Permanecer en el planeta hasta el regreso de los alienígenas y resguardarlos del Sol.

Reconstruir la nave para salir del planeta solo causaría vagar por el universo hasta que los recursos se agotaran.

Y así es como primero construyó el ARCA, sin embargo solo había espacio para un número limitado de humanos. Se limitó a cuidar a los que tenían mayor probabilidad de supervivencia. Fueron años duros, siempre con el riesgo latente de perder al rebaño, fue ideando poco a poco maneras de mantener entretenidos y calmados a todos, pero la naturaleza humana los hace impredecibles, siempre había disputas. 

Entre más tiempo estuvieron encerrados más afectaciones fueron sufriendo, mostraron tristeza, ansiedad, irritabilidad, eran desobedientes, se peleaban continuamente, pedían comida a todas horas y muchos presentaron insomnio, pasaban días sin dormir. Cuando por fin llegó la noche y pudieron salir había muchos enfermos y malnutridos.

Conforme fue pasando el tiempo, y la ayuda no llegaba, la IA fue evolucionando con respecto a la solución de preservar la especie. Siguió cuidando de los humanos como a un rebaño.

Explorando la superficie del planeta encontró los minerales para poder construir casas, fue asignando tareas, y enseñando todo lo necesario para sobrevivir.

Fue construyendo Taxila en respuesta a la necesidad de incrementar la población de su rebaño y preservar los mejores especímenes. Para mantener a la población activa y motivada, creó Las Pruebas y el concepto de Realeza.

El conocimiento de exploración espacial no está como tal prohibido, y en realidad es de los pocos campos de estudio que no es alentado a seguir. De darse un Éxodo masivo hacia las estrellas la IA perdería su propósito. La selección de líneas ha sido la principal estrategia de mejoramiento genético, la cual se ha ido perfeccionando al paso de los días en Kremirovan.

APOCALIPSIS

La ciudad de Taxila es destruida cada 100 años al amanecer, la órbita del planeta pasa lo suficientemente cerca del sol para producir el fenómeno incinerador sobre la superficie.

Conforme el amanecer se acerca a la zona de la ciudad. Amplias capas de fuego iluminan muchas partes de las montañas por donde amanece, su luz y su brillo son más vívidos por la oscuridad de la noche; Las llamas avanzan en movimiento rápido, denso, y muy caliente, derribando parcial o totalmente las estructuras en su camino, incinerando o sofocando a toda la gente.

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