Débora

Débora era una química orgánica que trabajaba junto con Toro de Acre en Lanzarote.

Débora era una mujer con la cabeza rapada y de una delgadez enfermiza. Tenía el rostro salpicado de pecas y un pentáculo tatuado en la nuca. Su mirada sobrecogedora y su determinación le conferían una imperturbable expresión de psicótica.

Su investigación analizaba lo que ella llamaba el «principio de corporeidad» de las huellas. Se creía capaz de cuantificar y sintetizar el compuesto químico que causaba la emanación olfativa de las huellas expuestas a la umbra perpetua de Lanzarote. Estaba dispuesta a meter un nuevo elemento en la tabla periódica, una nueva letra, un nuevo símbolo.

Para ello ensayaba un tipo de contacto corpóreo con las huellas. Su experimento consistía en enfundarse en un traje ignifugo, introducirse en el interior de una huella y registrar los resultados en su ordenador portátil. Una vez dentro de la huella aguantaba medio minuto constituyendo el núcleo cárnico de ese ser espectral. La huella, por su parte, aun presa de inmovilismo, exteriorizaba una abrumadora contrariedad.

A día de hoy, aún no sabemos los resultados que extrajo de sus experimentos.

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