Toro de Acre

Toro de Acre tiene la apariencia de un viejo cruzado. Es físicamente enorme y su rostro es el de un anciano barbado. Viste una armadura metálica con hombreras de acero y blande un colosal martillo de guerra. Su verdadero nombre es Rodrigo de Arrízala y nació en el año de nuestro señor 1071, en Pamplona.Sigue leyendo «Toro de Acre»

Arcadio

En vida fue un hombre de Dios. Un pobre sacerdote de pueblo, sin más formación que un puñado de conocimientos, y que se hizo misionero en San Pedro de Sula, Honduras. Ahora pastorea jaurías de condenados en las mansiones subterráneas. Viste una túnica blanca, sucia hasta lo indecible, de capucha enorme. Sus ojos asoman entreSigue leyendo «Arcadio»

Condenados de las Mansiones subterráneas

Los condenados de las Mansiones subterráneas son las entidades inferiores que pueblan ese plano de la Parroquia. Espíritus miserables condenados por su propia idiotez. Los condenados tienen espaldas encorvadas y brazos simiescos. Sus ojos lechosos relumbran de hambre y de frío. Son como bultos reptantes que escrutan y se agazapan detrás de las columnas deSigue leyendo «Condenados de las Mansiones subterráneas»

El Ayante

El Ayante es un ser colosal. Un hijo bastardo del mismísimo Cavador. Se calcula que su estatura, con la espalda erguida, es de unos veinte metros más o menos. Todo en él sugiere desmesura: su cabeza es ciclópea, sus brazos colosales y sus manos rematan en unos dedos con la brutalidad de un vagón deSigue leyendo «El Ayante»

Cárcel de Pademba

También conocida como Pademba Road, es la Prisión Central de Freetown, en Sierra Leona. Una porqueriza donde malviven los presos. Se convirtió en la primera gran brecha de la Parroquia en la Tierra viviente cuando un Serafín, en un ataque feroz, voló el techo de las mansiones subterráneas de una embestida. El impacto del golpeSigue leyendo «Cárcel de Pademba»

Mansiones subterráneas

Las mansiones subterráneas se extienden, arbitrarias, a lo largo y ancho de una lobreguez cuajada de columnas, en las entrañas de la Parroquia. Es una planicie de adoquines cuyos límites desaparecen en horizontes de oscuridad y silencio, y una humedad cenagosa satura el olfato. El techo bajo, apenas dos palmos por encima de la estaturaSigue leyendo «Mansiones subterráneas»