Planeta Amarillo o Planeta Devorado

El Planeta Amarillo se encuentra entre las estrellas de la constelación de Tauro a siete años luz de distancia de la Tierra.

Este planeta nunca había sido cartografiado por los telescopios. Las umbras lo trajeron en una vorágine de nuevos astros desde más allá de la Vía Láctea. Al principio se podía ver a través de un portal, de un desgarro sideral abierto ante nosotros, enseñando sus lunas y sus abismos. Tras la última umbra se convirtió en el eje central de la economía mundial.

El planeta devorado tiene tres halos lunares alumbrando la noche desde distintos puntos del cielo. La mayor luna se llama Caburé y parece un sol negro.

El cielo del planeta amarillo es un bombardeo continuo de relámpagos, vapores verdes emanan de la tierra ulcerosa y los bosques ralos parecen dudosamente vivos. La atmósfera tiene feroces vientos que lo zarandean todo como las velas de un galeón en alta mar.

La superficie está plagada de planicies arrasadas, de enormes lechos marinos secos que se extienden hasta donde alcanza la vista, y de praderas de fosas, conocidas en su conjunto como la Marcha de Mefisto, un cúmulo de abismos en cuyo fondo arden químicos que despiden fulgores bioluminiscentes que jaspean la roca y la hacen visible a través de las tinieblas. Son como dehesas verticales de aspecto mineral.

A decenas de kilómetros horizonte adentro, a orillas del mar seco, se erige una formidable cadena montañosa. Al otro lado comienzan las formas geométricas, artificiales, manifestaciones indudables de vida alienígena: ruinas, laberínticas e infernales, pertenecientes a una inconmensurable ciudad antigua.

La ciudad se alza en un imponente ensamblaje de muros rectilíneos y curvas de puntos infinitos. Caminos de baldosas discurren frente a estructuras escondidas entre los árboles. Entre el ramaje se pueden ver torreones colosales, cilindros enterizos que señorean los cielos. Ciudad silenciosa, laberinto infinito, sarcófago a cielo abierto, calles y calles de la más angustiosa nada.

La ciudad se vació de personas y se llenó de fantasmas. La fantasía devoró a la realidad. La babilónica Carcosa se convirtió en unas ruinas vacías al otro lado del pútrido Lago de Hali, infestada de silenciosos vagabundos extraterrenales, mientras el Rey Amarillo se regodeaba en su trono.

De eso hace mucho tiempo ya.

Ahora el planeta parece estar tan habitado como podría estarlo un infierno. Es un mundo invadido por huellas, cientos de miles inundando las llanuras, y por los huesos amontonados de bestias monumentales.

Cárcava pago con su derrota entregándonos ese pedazo de su reino y Querox se lanzó a conquistarlo. Envió una serie de misiones llamadas Radau con la ayuda de la tecnología desplegada en la red de satélites HELVEGEN. Las tres primeras misiones fueron no tripuladas. En la cuarta misión, la Radau 4, iba un equipo de personas encabezado por el comandante Daniels.

Durante la misión se dieron cuenta de que el Planeta Amarillo estaba infestado de entidades, de demonios voluminosos, encorvados, amorfos; de siluetas vermiformes que se movían por el horizonte, entre las estribaciones, con el compás parsimonioso de un helecho marino. Poco tiempo después se dieron cuenta de que, entre el ulular del viento, entre el sonido de la tierra siendo barrida por las corrientes de aire, se oía un susurro, una voz seca y moribunda: era el Planeta Amarillo, reclamándolos.

5 comentarios sobre “Planeta Amarillo o Planeta Devorado

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: