Huellas importantes

Huella del Real Sitio de San Ildefonso (La Preñada)

Esta huella menor fue invocada durante un ceremonial improvisado en 1918 por Bernardo Schultze. Mucho antes de que las umbras asolaran nuestra realidad. Este caso fue documentado en el Dossier de Ambrosio y en el libro de Otto Lehner In nocte Consilium.

Se le llamó la Preñada porque, a pesar de su delgadez enfermiza, hija de las peores cosechas perdidas, iba cogiéndose su barriga de madre. Su postura ladeada, sus brazos caídos y la inexactitud de sus rasgos, aturdía. Parecía una embarazada decrépita vagando por las cámaras reales.

La preñada, transida de frío, acudía a los fuegos, a la luz, incluso al calor de las personas reunidas.

En ella se podían ver constelaciones imposibles, carreteras infinitas de hielo y roca flotando a la deriva, astros anillados y bolas de fuego. En ella se podía ver el planeta devorado, un óvalo grisáceo que moría en punta a causa de una invisible fuerza de atracción; brumas siderales de colores y formas que no se entendían. Era un observatorio a un universo ignoto.

Huella de la Base Cassey

La primera huella menor persistente en el mundo. Se materializó en la base antártica australiana Cassey y fue la que dio comienzo al fenómeno.

Huella de Nules (El señor de Nules)

La primera huella menor persistente en Europa. Fue la primera presencia fantasmal totalmente persistente en territorio europeo de la que se tenga constancia. Se materializó en un piso de la playa de Nules seis meses después de la huella de la Base Cassey.

La huella era una manifestación humana de claros rasgos caucásicos, masculinos, como los rasgos de un Jesús genérico de libro de catequesis. Tenía la vista incierta, puesta en los relámpagos que se derrumbaban sobre el Mediterráneo cuando se acercaban las umbras.

Esta huella fue lo que desencadenó que el Abad Cordera fundara el Cisma de Levante y que el Padre Araujo volviera a encontrar la fe. El Consejo Nocturno la utilizaba como cuantificadora de los efectos de las siguientes umbras.

Huella de Castillejo de Robledo

Apareció en la localidad de Castillejo de Robledo y fue la primera huella menor capaz de hablar.

Huella del grupo HEPTA (El pastor)

Huella menor particularmente violenta encontrada en una bodega del País Vasco Francés.

El grupo HEPTA junto con Mael, en calidad de secretario del nuevo hierofante de Tannus, fueron los que investigaron el fenómeno.

La huella, entre gruñidos y susurros, recitaba una retahíla de insultos en occitano tan atroces que constituyeron material para semanas de análisis.

Para su investigación se la encerró en un habitáculo de vidrio templado, y se la sometió a estímulos relacionados con sus vivencias. Al terminar acabó por golpear rabiosamente el vidrio haciéndolo vibrar.

Huella de Malpaís (El Bégimo)

Huella supermasiva fruto del estancamiento de la umbra que encapotaba Lanzarote. Toro de Acre se la mostró a Dismas.

 La forma recordaba a la de un hipopótamo. Encorvado sobre sus piernas rollizas, presentaba dos brazos simiescos que le valían de apoyo adicional. Su cabeza sin cuello remataba en un torso rechoncho que rayaba lo mórbido, tanto así que los pliegues de su barriga y su pecho caían en cascada y araban la tierra fría.

Huella de Brooklyn (El León)

Huella supermasiva que se paseaba por las calles de Brooklyn.

Medía veinte metros de altura y, por su porte felino y morfología cuadrúpeda, se le llamó el León. No tenía rostro. De hecho, el remate ovalado del espacio en el cual deberían estar sus facciones, recordaba a la figura mitológica de la esfinge.

Caminaba a marcha lenta y dramática, indiferente al rojiazul de las patrullas que se anticipaban a su trayectoria.

Huella de Madrid (La máscara)

Huella supermasiva que se desplazaba levitando por una Madrid vaciada.

Era una especie de máscara traslucida del tamaño de diez hombres, una careta totémica e inmensa que transitaba por las carreteras metropolitanas, ajena a la presencia de los hombres sobre la Tierra. A su paso, atravesaba superficies sólidas sin importarle si eran edificaciones, árboles o animales.

Se materializó sobre las aguas del Manzanares, declarando el centro de Madrid zona catastrófica. Actualmente se encuentra en el barrio de Sol “anidando” (término aplicado por el espectrólogo búlgaro, Andrey Spiridinov, para referirse al cese de toda actividad de las huellas sin razón aparente).

Huella de Castilla (La liebre)

Huella supermasiva con forma de gran mancha que muchos interpretaron como una gran liebre, pero que por las descripciones no parecía tener forma definida.

Caminaba por la zona de Toledo, entre cereales. Se movía rápida en comparación a la velocidad de una persona y era grande ya que a su lado un grupo de personas parecían hormigas.

Se creó una especie de secta que seguía a la figura de la Liebre de Castilla. Se hacían llamar los Peregrinos y se encargaban de viajar junto a la supermasiva y coordinar planes de acción. Sigue sin esclarecerse si, entre los móviles del grupo, subyacían causas religiosas.

Un predicador que seguía a la Liebre de Castilla sostenía que, si comías carne humana, las huellas no te afectaban. Después de que la huella pasara por encima de gran parte de la secta, y de que el predicador fuera el único en salir ileso, empezó un brote de canibalismo en España.

Huella de Dismas.

Una huella supermasiva menor.

Dismas se enclaustró junto a ella hasta que el radio de influencia lo deshizo.

Tiene forma antropoide y mide cuatro o cinco metros de altura. Su aura es oscura y tan densa que parte ramas y hace crujir los troncos como partes de un galeón castigado por la tormenta.

Esta huella leyó los versos escritos en la piel de Mael y mientras lo hacía le trepanó la mente con esquirlas del espacio profundo. Por la solemnidad de sus gestos, por el tremolar de su mano suspendida sobre su rostro, intuyó la fascinación que le provocaba el encuentro. Ambos podían verse. Las rocas se resquebrajaron y el corazón de Mael dijo basta.

9 comentarios sobre “Huellas importantes

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