El Acervo

El Acervo es el lugar donde se encuentra el conocimiento que, torpemente y durante siglos, ha acumulado el Consejo Nocturno. Este es su verdadero tesoro. Allí han ocultado siempre los códices originales.

El Acervo está en el Mato Grosso, en las mismísimas vísceras de Sudamérica. Sólo es una discreta cabaña en mitad de la selva de Brasil, a las afueras de una aldea aislada y cochambrosa. La célebre «ermita» se encuentra derrelicta en medio de una atmósfera esmeralda, donde el mono aúlla, los mosquitos son bancos de bruma, y las muertes de dengue y de tuberculosis no le importan a nadie. La zona, un campo de batalla fronterizo entre bandoleros y las tribus nativas, ha abocado al Consejo Nocturno a una guerra que no es de ellos y que no pueden evitar.

El austero interior de la cabaña siempre está en penumbra. Hay vendas manchadas por el suelo, apósitos junto al camastro, envoltorios desordenados por la almohada y moscas hambrientas atrapadas durante días. Se respira un aire viciado fruto de la desidia y de la ausencia de ventanas.

Las paredes están vestidas de armarios con puertas numeradas, y tras esas puertas hay, empotradas en las paredes, cuarenta y siete cajas fuertes de alta seguridad. En un rincón traquetea el disco duro de un viejo servidor, una antigualla informática que gobierna, a través de cables enterrados en el suelo, los mecanismos de apertura de las cajas.

En el interior de esas cajas fuertes es donde sueñan los tomos de poder. Libros turbios, que contaminan el espíritu y la carne; volúmenes apócrifos, demasiadas veces negados; obras terribles con verdades que no interesan; tomos exiliados, devorados por el olvido o las llamas; textos redentores, capaces de devolvernos el Sol después de La Caída, y grimorios atroces que dan más miedo que la propia selva.

Luana, una leprosa con tendencias suicidas, es la responsable de custodiar el Acervo. Ella es la única que sabe las contraseñas que abren las cajas de seguridad. Se encarga de comprobar que los mecanismos de apertura de las cajas fuertes sigan operativos, vela para que el Consejo Nocturno siga siendo la respetable cuna de conocimiento mágico que es, y la única persona que defiende ese conocimiento de los anhelos de apropiación del Proyecto Querox.

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