Hermanos Vindicadores

Los Hermanos Vindicadores son mercenarios exterminadores al servicio de Querox.

Todos los miembros de la Hermandad de Vindicadores hicieron el Juramento de la orden. Son mitad santos, mitad diablos exterminadores. En su entrenamiento aprendieron a encontrar el valor de la fe y a entonar los salmos sagrados de la batalla. Todo Hermano Vindicador lo será hasta el día de su muerte so pena de consejo de guerra por excomunión.

Merka Reznik es la capitana de los diez Hermanos que componen la escuadra que viajó a la dimensión de la Parroquia a través de la umbra Atlante. En el grupo iba: Nedved, de rostro barbudo, calvo y tatuado; Strnad, experto en comunicaciones; Havel, guerrero y brujo; y otros de los que no conocemos los nombres.

Querox los contrató para entrar en la Parroquia y encontrar al Cavador y al Peregrino. Para esa misión les dio pesadas y gruesas exoarmaduras con servoarticulaciones, cascos y botas acorazadas, rifles de fusión, gruesos cuchillos y sistemas de autodestrucción. De todo menos información sobre el páramo infernal al que los mandaba.

Al llegar a la Parroquia hicieron un pacto con el Vicario. El pacto consistía en que los Hermanos Vindicadores marcharían hasta los Serafines y dispararían contra ellos con sus armas de plasma. Después de eso, la Parroquia los traería vivos de vuelta y abriría un camino hasta el Cavador desde la estación Atlante.

En su camino hasta el lugar de la matanza todos los Hermanos Vindicadores murieron por una causa o por otra. Strnd fue el primero en morir, mientras atravesaban una bruma que absorbía toda la luz, notó como las botas se le pegaban al suelo. Al agacharse para intentar descubrir que era lo que le succionaba las botas se perdió en la niebla negra. Otra compañera fue atacada por una horda y al verse condenada activó sus sistemas de autodestrucción. Dos hermanos más murieron haciendo frente a una jauría de fragmentos espectrales sacrificándose para que la Hermana capitana Reznik pudiera continuar el camino. Havel perdió la cabeza entre los dientes de una bola de carne que apenas le llegaba a la rodilla, pero que era todo fauces. Otro hermano murió con un agujero en el pecho provocado por el disparo perdido de un compañero. Uno cayó al recibir un zarpazo que secciono la mitad inferior del casco, arrancándole la mandíbula. Un ser parecido a un feto ciego le arrancó, con tranquila indiferencia, los brazos y las piernas a otro Hermano. El último en morir fue Nedved, el cual recibió la carga de un Serafín en el estómago mientras intentaba proteger a Reznik.

Todos murieron, menos la Hermana Vindicadora Reznik, que consiguió llegar hasta los Serafines y descargar su rifle de plasma sobre ellos.

Hubo una explosión. Todo quedó a oscuras.

Después de disparar a los Serafines, la Parroquia la llevó de vuelta a la habitación desde donde había partido, tal y como habían pactado. Una negrura hueca se extendía en todas direcciones. El Vicario los había engañado con su pacto y había utilizado su estupidez para provocar una reacción en cadena. El Vicario no había faltado a su palabra, pero lógicamente no les contó todo: disparar a los Serafines no iba a dispersarlos, sino a provocar un tremendo agujero entre dimensiones.

La Parroquia se había proyectado sobre la Tierra.

Reznik condujo a sus hermanos a la condenación, y luego borró la estación Atlante para instaurar un pedazo de infierno. Convencida por el discurso del Vicario se prestó a conseguir los intereses de la Parroquia y se puso a sus órdenes. En ese momento, ocho grandes figuras entraron andando con pasos que hacían que le suelo se estremeciera. Eran sus hermanos caídos. Las armaduras estaban sucias de sangre y ennegrecidas por la explosión interior, parcheadas aquí y allá con salvajes remaches propios de un herrero loco. Las habían erizado de púas, clavos y cuernos sin ningún tipo de orden, dándoles el aspecto de una infernal tropa demoníaca. Y dentro, tras los visores transparentes del casco, se apreciaban los rostros cadavéricos y desfigurados de los soldados.

Un escuadrón remendado y reanimado para servir con ella en la eternidad. Estaban todos salvo Strnad, el Hermano Vindicador que se perdió en la niebla. Su armadura ahora pertenece, no sabemos cómo, a Toro de Acre.

El Vicario, satisfecho con sus nuevos soldados, le dio su primera misión: «mantener controlado al Ayante».

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